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Decir el Sur: un taller para escritores

Día sábado 9 de marzo. Amaneció nublado, veo el Río Pudeto y los contornos que rodean el brazo Quempillén, sólo en fragmentos rodeados de un gris pálido. No se trata de agua que caerá sobre nosotros, se ve que irá disipándose durante el día. He abierto la carpeta con los escritos de los postulantes al taller Decir el Sur que comenzará el 15 de este mes. Me demoro en asuntos pequeños porque me cuesta entrar a calibrar, decidir. Hay escritos narrativos, poéticos, dramáticos, apuntes que cruzan géneros. Intento escribir algo acerca de cada muestra, una impresión, una valoración porque tengo que decidir diez nombres. Me inquieta dejar fuera a personas que tienen ilusión de participar, pero no pueden quedar todos. Después de leer todo un par de veces, decido dejar once personas intentando cubrir también el tema de las provincias.

Día domingo 10. Escribí a cada postulante aceptado pidiendo datos para las formalidades, pero también escribí a cada uno de quienes no quedaron seleccionados. Fue difícil expresar que se trata de una lectura atravesada por cuestiones prácticas como el máximo de integrantes, la cobertura territorial y la brevedad de la muestra solicitada. En fin, ya está armado el grupo que leerá, escribirá, comentará, reflexionará acerca de la palabra, nuestra pasión.

Día lunes 11. Me han respondido varias de las personas que no estarán en el taller. Me han emocionado sus palabras, espero que haya responsabilidad y motivación entre que sí estarán.

Día viernes 15. Primer encuentro con un grupo heterogéneo, varios jóvenes y casi todos tienen experiencia literaria. Han participado en talleres, han publicado libros, participado en antologías y / o revistas así es que partimos con un terreno abonado largamente. Parto por contarles que el proyecto se propone, como objetivo general, acompañar el proceso de creación de autores de la región de Los Lagos tanto en forma colectiva como individual. Como objetivos específicos pondrá énfasis en reflexionar en torno al oficio de la escritura, revisar y potenciar los textos en construcción, pensar en colectivo la relación de la identidad territorial en la escritura. Se contempla también una publicación final con la selección de textos que se decidan en forma colectiva, se editarán en papel 100 ejemplares y también se enviarán a editoriales como una especie de carta de presentación.

El taller está pensado como un espacio de trabajo semanal distribuido entre en once sesiones virtuales del grupo total de escritores y diez sesiones individuales (una con cada participante). Las primeras sesiones tratarán del oficio y la presentación de un arte poética que cada integrante mostrará al grupo. A partir de las semanas siguientes, cada participante tendrá una sesión dedicada a su escritura para lo cual se enviará el material y los demás tendrán la tarea de leer en forma crítica los textos. En cada lectura habrá orientación en torno a otros textos que se relacionen con el tema / tono / recursos técnicos. Las últimas semanas, habrá encuentros individuales en la ciudad de Ancud con cada escritor regional.

Día lunes 18. Pienso en el sentido de hacer un taller literario. Hay diferencias entre trabajar con un grupo de jóvenes que llegan pensando en empezar un proceso de encuentro con la palabra y consigo mismo a un taller con personas que quieren ser escritores / que ya lo son. Como algunos escritores, creo que no se puede enseñar a escribir literatura, que uno comparte lo aprendido en la práctica como muchos oficios. El oficio de escribir – lo entiendo así – es un oficio como cualquier otro y la transmisión no debería ser muy distinta.

Pienso también en la apuesta que hacen los Fondos de Cultura en potenciar el trabajo de formación y acompañamiento para la creación literaria. Estos talleres se están haciendo en varias partes del país como resultados de la postulación, por primera vez a esta línea en el Fondo del Libro y la Lectura.

Tal vez lo más difícil de un taller es la corrección de los escritos, que conlleva una cierta lectura; es necesario que exista una atmósfera (la mistraliana ojalá) que permita tratar los escritos sin sentir que en ellos se está jugando uno cuestiones tan valiosas como la autoestima.

En fin, disquisiciones a la hora de empezar una experiencia que se sueña celebratoria y colectiva en el mejor de los sentidos.

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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