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Equipaje de mano, un libro que rebasa sus propias expectativas

Como no quiere la cosa he tomado el libro de Roberto Contreras, Equipaje de mano (Editorial Aparte, 2023). Me he tardado en su lectura, he demorado el momento de abrir el libro y dejarme llevar. Habituado a leer Pedazos de agua (2019), mi mente se había convencido de que Roberto es sólo poeta. Un acto involuntario que suele operar en casilleros y del que seguro varios escritores que escriben de un u otro lado, padecen. Padecen de los lectores que han configurado involuntariamente una identidad y que a no ser que exista un total abandono de la disciplina, la realidad de los lectores (me incluyo) no pueden lidiar con un narrador y poeta simultáneamente. Otra razón es que también había creado una relación de parentesco con Pedazos de agua, sea por mi cercanía en el proceso de su escritura, como por la concepción estética y conceptual de ese libro, que se caracteriza por la economía del lenguaje, que en ocasiones parece imbuido por el aforismo y la poesía oriental. Razones que pueden ser consideradas reñidas con la prosa por una serie de implicaciones, que no vienen al caso de explicar.

La primera página de Equipaje de mano contiene una fotografía de una papeleta que suelen tener los aviones, un instructivo donde por medio de una señalética, se explica dónde va el equipaje a mano, esta foto aparece intervenida a lápiz por el autor en el encabezado de la hoja con la pregunta “¿Cómo se viaja sin equipaje de mano?” Pregunta que se conecta al título del primer texto, que opera como introducción, y que consigna los 10 años de escritura en movimiento del libro, que incluye viajes que, debido al trabajo del autor, se ha desarrollado preferentemente por medio de anotaciones, apuntes, que en ese deambular deviene en bitácora.  Elias Canetti indica acerca de las anotaciones:

“Los apuntes son espontáneos y contradictorios. Contienen ideas que a veces brotan de una tensión insoportable, pero a menudo también de una gran ligereza… Todo lo que hay en el mundo nos parece de pronto más importante que él.”

El papel que cumple la “anotación” en el libro de Contreras es relevante, no sólo porque define una forma de trabajo, sino porque también configura un principio de realidad. O sea, una actividad escritural donde la elaboración, como diría Freud, se despliega por medio de fenómenos fácticos, que se eligen como disparadores de la subjetividad.

Este hecho se demuestra al inicio del texto con un titular de la crónica roja de un periódico, que Contreras elabora y recrea para luego comenzar los cruces de lectura, momento en que la literatura, se incorpora de cierta forma al hecho factico con que dio rienda suelta a su propio inicio. En ese sentido, los cruces de lectura también devienen en bitácora del autor, constelaciones que fijan un mapa de lectura.

El hecho fáctico puede ocurrir en un aula de clases, en que el autor registra una situación que le permite volver sobre sus propios materiales reflexivos. Hay un bricoleur, que trabaja todo el tiempo con lo que tiene a mano. Una artesanía que página a página Contreras recrea gracias al registro de la situación.

Anotaciones, registros, apuntes que estaría más cerca a la antropología en cuanto estudio de campo, que a una ocurrente definición literaria. En este punto es conveniente recordar al antropólogo social Bronisław Malinowski con su concepto “observador participante”. Tampoco deseo plantear una discusión seria al respecto, pero no tengo dudas que Equipaje de mano, es una muestra de un estudio de campo. Pero un estudio de campo de ¿qué?

Una respuesta probable a esta pregunta es que se trata de un estudio de campo de la lectura, pues como el autor es un profesor que visita salas de clases, describe y situaciones que escenifican el aprendizaje del castellano.

“Me voy paseando por los grupos, compuestos por tres niños, según hemos conformado los equipos para escribir un cuento”

De la lectura digo, pero que también al mismo tiempo excede a esa misma aula para enfrascarse en reflexiones lúcidas como el texto “El bolsón de Benjamin”, donde lo factual en este caso es el archivo “el carnet de identidad” del filósofo; un efecto investigativo e interpretativo que añade espesura a la bitácora, que en este caso se interroga por la lectura o el espacio de trabajo del filósofo.

El sufijo de la “autoetnografía”, nos recuerda de que no se trata de una relación bilateral: sujeto-objeto. Sino que más bien un ida y vuelta, que en su recursividad el autor tiene tiempo para pensarse. Veamos:

“Desde hace bastante tiempo llevo un diario. Tal vez porque creo, como lo refieren los biógrafos, que la verdadera escritura se halla en las libretas de anotaciones, más que en los libros publicados de sus autores.”

Pues bien, más allá de estas discusiones que el libro provoca, la lectura de Equipaje de mano deslumbra por sus distintas perspectivas, muchas veces como testigo de su propia bitácora, los detalles que conforman una identidad lectora y escritural. En dos o tres líneas uno está en el norte, en una sala de clases de escuela rural, o aparece Benjamin con reflexiones acerca de los modos de lectura y del coleccionismo.

Esta triada: profesor, lector y escritor, se despliegan en este texto rebasando sus propias expectativas. Creo que se trata de un libro de pasajes memorables, que me hacen pensar en todo el tiempo que estuvo este libro sobre mi mesa, y cuanto necesitaba leerlo.

Equipaje de Mano

Roberto Contreras. Editorial Aparte, 2023.

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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