FOGÓN CULTURALGUARDIÁN DEL MITO

Trasandinia, un lugar necesario

Por Dante Sepúlveda, colaboración de Tamara Padrón Abreu

Mientras el neoliberalismo se reinventa en todo el globo y la maquinaria del polo militar industrial financiero arrasa con los recursos naturales, bosques y miles de vidas a fuerza de fuego, hambre y balas, otro mundo resiste a espalda de los monstruos. Hace tiempo, un corredor de lecturas cruzadas, afectos y ternura se ha hecho paso a lo largo del territorio de este sur del mundo que une a escritores, artistas y hacedores culturales de ambos lados de cordillera. Desde los encuentros trasandinos en Coyaique y Puerto Aysén en los años 90, hasta la experiencia de los convites de la Asociación de Culturas del Sur Mundo que trazaba una ruta desde Trelew, en el Atlántico, hasta Valdivia y Chiloé en el Pacifico durante la bifurcación de los siglos, el intercambio se ha ido afianzando hasta el nacimiento de una nueva Patria, esa que forman los amigos y los afectos.

En ese marco, mientras las comparsas y el carnaval se apropiaban de las calles de Argentina, con un grupo de artistas de Villa La Angostura y San Martín de los Andes asistimos a nuevo capítulo de esta historia compartida, convencidos del camino, un corredor sin fronteras donde el cordón andino se convierte en una bisagra que une geopoéticas afectivas que construyen, tejen e interpelan el territorio.

Una vez hecho el formal cruce de aduanas, nos adentramos por la Ruta 215 hasta llegar a Osorno, allí el poeta Bernardo Colipán nos esperaba con “la once”, que en realidad fue una cena de media tarde, salmón con longaniza y pebre de quinoa, una exquisita receta que ya adoptamos como propia. Además nos agasajó con la presentación, a través del Kamishi piam, de su libro inédito Códice Nutram. Luego, el músico Daniel Ducós le dio cierre a la velada interpretando vals y unas milongas para terminar entonando en un coro no muy afinado La maza, la emblemática canción de Silvio Rodríguez. Con el dolor dulce de la despedida, saludamos a los anfitriones antes que la noche caiga. Ya nuevamente en ruta, esta vez la 5 Sur, sin poder esquivar los excesivos peajes, continuamos hasta Puerto Montt con el cinturón de fuego del pacífico abrasándonos. En Melipulli, con los cuatro cerros como testigos, arribamos al Hostel Blah Blah, un magnífico reducto que además de ofrecer

hospedaje, organiza eventos culturales, muestras de arte y otras expresiones con la vista anclada en el Mar Interno.En la ciudad portuaria, participamos del 2º Encuentro Chileno-Argentino de escritores, donde cinco generaciones de artistas compartimos cuentos, poemas y la historia del paso de Mistral y Neruda por Bariloche y San Martín de los Andes. Luego nos trasladamos de la sede de la Biblioteca Pública Dr. Matías Yuraszeck nuevamente al Hostel para dar cierre al encuentro, allí la música, los recitados, las charlas y los brindis tomaron el protagonismo hasta altas horas de la noche porque nadie quería que la velada termine.

Salimos maravillados por la movida puertomontina, con su juventud incansable de crear, en constante conversación son sus mayores, atentos a los vaivenes políticos y sociales que nos atraviesan. Y así conmovidos, partimos hacia Pargua...  Puerto Montt, Puerto Montt me alejé de ti sin saber por qué…

Cruzando el canal de Chacao hacia la ciudad del mismo nombre, avistamos las incipientes columnas del puente que genera polémica en la sociedad chilota: para algunos va a traer prosperidad a la Isla, para otros pone en riesgo su identidad y sus recursos ya bastante diezmados.

Por un camino sinuoso, con desniveles pronunciados que cada tanto dejaban descifrar el pacífico abierto nos adentramos en Chiloé, hasta la histórica Ancud.

Cuando se ingresa, el casco urbano anticipa que entra en un mundo más antiguo y más firme. Desde el centenario fuerte San José, sus iglesias patrimoniales, la pesca artesanal que aun resiste en un paisaje conmovedor  y la fortaleza de sus habitantes, que ya había advertido Darwin en su paso por allí, siguen intactas.

La cita fue en la librería El Gran Pez, un punto de encuentro cultural que nada tiene que envidiarle a las grandes librerías de Santiago o Buenos Aires. Un catálogo cuidado con recelo, un living acogedor y la atención generosa de Ítalo y Ricardo, ambos escritores y lectores, nos esperaban con el vino ya escanciado. En un ambiente distendido e informal inauguró las lecturas la extraordinaria Rosabetty Muñoz, cuya humildad supo retratar muy bien Zambra en Poeta chileno. En lo personal, compartir una lectura con ella ya era un honor, pero la camaradería y bondad de los ancuditanos siempre puede ir más lejos. Luego del evento nos convidó a acompañarla a su casa/ museo viviente en el Cerro Hospital, donde nos esperaba su compañero Juan. Disculpen, pero recién regreso de viaje así que vamos a comer lo que hay, nos advirtió. Para nosotros fue un banquete de afecto, cariño y belleza.

Fue un bonito aunque breve encuentro, me escribió luego Rosabetty. Espero que volvamos a conversar.

Y en eso quedamos, en seguir conversando, para que este mundo sea menos hostil y Transandinia un lugar posible y necesario.

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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