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El apocalipsis era una mujer o relatos para vengar la memoria

Hace poco, una niña de primero básico decía “vi en youtube cómo se podía armar un país” estaba impresionada con la idea de buscar un terreno, inventar un idioma, pensar una bandera. Me pregunto si era niña será escritora en el futuro mientras leo los relatos del libro El Rencor vino del frío en los cuales el escritor Oscar Barrientos se sumerge aún más en un mundo que ha ido delineando cada vez con más precisión: dibujando un país o una parte de él.

El primer goce de lectura aparece de inmediato por el uso del lenguaje. En un tiempo en que se opta por la expresión más parca en un afán por comunicarse con los fantasmales habitantes de las redes sociales; un tiempo donde los emoticones reducen al mínimo mensajes destinados a morir en el segundo siguiente, Barrientos decide operar en forma completamente opuesta, tejiendo una prosa cuidada con términos preciosos y precisos como si el conjunto de personajes contrahechos, monstruosos, marginales tuviera en las páginas de sus narraciones, la oportunidad de convivir con la belleza o – dicho de otro modo – mereciera un trato de consideración que empieza con el material desde el cual desplegarán sus cuitas.

“A la manera de un anciano loco que hace girar su paraguas sin tela como las aspas de un molino que solo existe en mi infancia. Así llora esa tarde mientras los pájaros desgarbados de alas húmedas, se posan flemáticos en los postes del barrio y cada tarde la aurora parece tragarse un pedazo de cielo.” Así parte el primer relato El origen de la tristeza y señala de inmediato el tono que será propio del libro en general, un intenso fluir de imágenes que delatan al poeta que también es Oscar Barrientos. La poesía es un eje que sostiene el mundo y abre la posibilidad de percibir / creer en los pliegues de una ciudad que se parece a Punta Arenas, pero que en realidad es una alegoría que se va asentando ya en la obra de este escritor sureño.

En el conjunto de diez relatos, editados por La Pollera, hay diálogos permanentes entre personajes que pertenecen a mundos distintos: generalmente el narrador que vive en el espacio cotidiano, con sus pedestres, predecibles asuntos y personajes que están allí en las calles pero que son capaces de arrastrar al lector hacia universos paralelos que, sin embargo, están profundamente ligados a lo que sucede en el reino de “lo normal”. Como si de raíces fabulosas se tratara, como si una savia cargada de historias, equívocos, maldad, vicios fueran el sustrato del aparente orden. En el fondo, cada criatura deforme, cada espíritu retorcido que deslumbra en estas páginas, ha sido posible por los actos y la historia de la propia humanidad.

Tal vez una vuelta de tuerca respecto de los libros anteriores sea el carácter vengador que atraviesa las acciones y discursos de los personajes. El viento, las temperaturas, los ríos, la naturaleza está de parte de cada uno de los extraños que ¿nos? Habitan y ha encontrado la forma de hacerlos persistir bajo las capas superficiales de un mundo que se ha construido a la mala con la injusticia y la falta de piedad como bastiones. No sólo persisten, sino que parecen haber llegado desde tiempos inmemoriales para cobrar cada una de las afrentas de las brutales historias del pasado. La armazón del libro, más allá de sus personajes fabulosos / míticos; más allá de los mundos australes y sus violencias, se construye como un libro de castigo, como si los distintos relatos fueran desvistiendo males endémicos y dieran la posibilidad de corregir según un secreto orden del cosmos; así el caso del descendiente de las familias poderosas que hicieron su fortuna con el exterminio de los antiguos habitantes, termina enloquecido cazando pokemones y perseguido por selknam que se materializaban en su cada vez más enardecida guerra por las calles de la ciudad.

La verdad es que el rencor y el resentimiento tienen mala fama, pero son motores extraordinarios para movilizar acciones e imaginación. El título del libro declara la sustancia primaria y con ese afán, incluso nos salva a todos, como se puede leer en el relato Villa Cambiaso: “De repente y sin aviso, la leche de la irrealidad se extendió por toda la plaza como un tsunami y el mundo de las ideas se comía irremediablemente lo que encontraba a su paso, convirtiéndonos en seres perfectos, en planetas de un sistema solar que gira como un trompo en el corazón de la abundancia.”

Óscar Barrientos Bradasic

Nacido en Punta Arenas, donde vive y trabaja, ha publicado poesía, cuento y novela. Destacan entre sus libros “El barco de los esqueletos”, “Paganas Patagonias” y “Saratoga”. Profesor de Castellano (Universidad Austral de Chile), máster en Filología con mención en Literatura Hispánica y doctorado en Educación (U. de Salamanca, España). Cuenta con varios premios y reconocimientos, incluyendo el Premio Francisco Coloane (2014), el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar 2015 (La Habana, Cuba) y el Premio a la Trayectoria Poética Pablo Neruda 2018 (Fundación Pablo Neruda, Chile).

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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