ARTE EN PANDEMIAFOGÓN CULTURAL

TALLER LITERARIO EN DALCAHUE Una nueva experiencia

PALABRAS DE LOS MAYORES

1. Floridor Pérez

En una de las numerosas reuniones de taller literario realizadas en el 2° Encuentro de Escritores de Chiloé, organizado por el Taller Literario Aumen (Castro,  1988), Floridor Pérez les comentó a los jovencísimos poetas: “Esto que nosotros llamamos talleres literarios es una actividad permanente. El escritor está siempre asistiendo a un taller y el que no lo hace es mejor que se despida de esta actividad y busque otra.

Yo asistí a un taller en mi modesta mesa de trabajo antes de salir de Santiago porque consideré que no podía venir sin una preparación mínima. ¿En qué consistió eso? No consistió en leer a los clásicos -y no digo con esto que no haya que hacerlo-, ni con revisar un tratado de métrica -y tampoco estoy diciendo que no sea una cosa necesaria-, ni una historia de la literatura universal ni española ni americana. Reuní los textos de escritores de Chiloé, que es el lugar adonde yo venía, que tenía a mi disposición, y los revisé con cierto detalle para ver cuánto me podían iluminar sobre su trabajo. Esto es un mínimo de honestidad que me parecía indispensable al responder una invitación así.”

En esas líneas, Floridor Pérez les señalaba a esos muchachitos y muchachitas la importancia de los talleres literarios para los escritores y la seriedad del trabajo realizado en ellos. Nos dice que, para él, un taller literario es un ejercicio de lectura, estudio y aprendizaje, sin importar si lo hace solo o si se trata de una conversación con otro u otros poetas o aprendices de poetas. Lo cierto es que -según comenta- la preparación que realizó antes de viajar a Castro fue un taller, y ese taller no consistió en otra cosa que en reunir los textos de escritores chilotes que tenía a mano y revisarlos con detalle para ver cuánto podían iluminarlo sobre su poesía.

Y luego agregó: “cuando abrimos un sobre y nos llega el libro que acaba de publicar un amigo y lo leemos, si lo leemos como poetas, como amantes de esto, estamos haciendo un taller porque estamos pensando por qué dijo esto, mira qué encachada esta imagen, pero esta línea yo la hubiera cortado así, por esta u otra razón.” En otras palabras, según el poeta, un taller no requiere de una multitud sino que basta con enfocarse en una lectura rigurosa para hacer un ejercicio de taller, aunque es claro que un taller formado por varios participantes es un ejercicio mayor, más pleno y, sin lugar a dudas, mucho más productivo.

2. Miguel Arteche

En otro taller realizado en ese mismo encuentro, Miguel Arteche decía: “En el taller como es obvio se llevan trabajos para que los integrantes del taller los lean y los analicen y, como les decía hace un momento, el modus operandi de trabajo va a depender del director, del maestro que dirija el taller. Yo sé que otros directores de talleres tienen métodos distintos a los que yo he solido usar en el Taller Nueve que he dirigido durante diez años.” [Debo mencionar que Miguel Arteche, Premio Nacional de Literatura 1996, fundó y dirigió el Taller Nueve por alrededor de tres décadas y tuvo entre sus pupilos a poetas tan notables como Andrés Morales, Alejandra Basualto y Astrid Fugellie, entre muchas y muchos otros.]

Lo primero que les decía y lo he insistido hasta el cansancio y seguiré insistiendo en esto es la lectura. Hay una frase bastante socorrida que he escuchado muchas veces en mi vida que es la de aquellos que comienzan a escribir versos, llamémolos así. Distingamos entre versos y poesía porque una cosa es la poesía y otra cosa son los versos. Los versos pueden contener poesía y pueden no contener poesía. Y la prosa también puede contener poesía o no contener poesía. Simplemente los versos son un instrumento de la poesía. ¿Ahora, qué sea la poesía? Yo siempre digo lo difícil que es llegar a una definición porque esto no es un problema de orden matemático. Los poetas han dado definiciones muy distintas de lo que entienden por poesía. Mi definición, y yo creo que vale, es: “Poesía es hacer ver las cosas como si se vieran por primera vez.” Y en el caso del verso, “a través del verso.”

Esto fue algo de lo que Miguel Arteche comentó a los asistentes a su taller, esa mañana del 28 de julio de 1988, en la Casa de Retiro Estrella del Mar, mientras afuera llovía a mares.

3. Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura (Chile, 1992), Premio Reina Sofía (España, 1992), Premio Octavio Paz (México, 1998), Premio José Hernández (Argentina, 1998) y Premio Miguel de Cervantes (España, 2003), entre muchos otros, les comentó lo siguiente a mis pupilos la tarde del 29 de agosto de 1987, en Castro, en la casa de mi padre:

“Me atrevo a pensar que cuando uno es muchacho forcejea, lucha por supuesto con el ángel de la palabra, con la lengua. La poesía se hace con palabras, ya se sabe, y las palabras no se regalan. La palabra mayor no se regala nunca. ¡Hay que ganarla! Lucha uno con la palabra, sueña su sueño, intuye el mundo, quiere sus visiones. ¡Quiere la gran visión del mundo! Porque un poeta realmente es siempre fiel a una visión o unas dos o tres visiones que a lo mejor llegan a ser una sola visión. Es un obseso en esa visión. Y cuando pasa el tiempo -esta es mi aclaración o mi intento de explicación-, cuando pasa el tiempo es como si ya la mano se moviera sola. Es como si la mano se moviera sola y uno fuera más prudente en esto de querer la novedad, de querer a la famosa originalidad. Uno aprende más bien a callar que a hablar. Y cuando uno entra en ese callamiento, es entonces cuando la mano se suelta mejor y las aguas suben solas. Ustedes que son criaturas de las aguas por vivir en estas islas hermosas saben de sobra lo que es el magisterio del agua, sigilosa, silenciosa o trepidante. ¡Como sea! Suben las aguas y entonces tú ya dejas tu vida al vuelo. ¿Se entiende algo, no? ¡Se me entiende algo? ¡Ahí, yo creo que todo esto!”

Y no soy yo quien me ponga a explicar lo que dice y no dice aquí Gonzalo Rojas porque su intención, como seguramente intuimos, es que cada lector y lectora saque sus propias conclusiones y después por sí sola o por sí solo decida si sigue dándole trabajo al lápiz y a la mano que lo lleva, hasta que sea la palabra la que lleve en su vuelo y sus andanzas a uno entero.

4. Taller Literario en la Biblioteca Municipal de Dalcahue

A no dudarlo, de esto y mucho más se hablará en el taller literario que iniciaremos el martes, 2 de agosto de este invierno lluvioso, en Dalcahue; una experiencia inédita en esta localidad. Un taller literario que había venido ofreciendo a las autoridades municipales y a la Corporación de Educación de esta comuna desde hace cinco años. Una actividad totalmente gratuita, por puro amor al arte, es decir, a la antigua, como acostumbraban a hacerse las grandes cosas en Chiloé. Afortunadamente, llegaron caras nuevas al Concejo Municipal y no sólo me aceptaron la propuesta sino que me animaron a realizarlo de una vez por todas.

Así que desde el martes 2, de agosto de este año 2022, muchachos y muchachas y también adultos con intereses literarios podrán llegar a la biblioteca a eso de las 18:15 horas, para empezar a empaparnos de literatura y vida puesto que sin vida y sin experiencia de la vida no hay literatura o no hay buena literatura. Dalcahue tiene historia e historias, es una comuna que tiene mucho que decir y contar y, por supuesto que habrá mucho para descubrir en la vida de la comunidad y en los libros, y si todo resulta como espero también habrá mucha vida y mucha literatura en los escritos que más de alguno de los participantes consiga llevar al papel.

Anímense y alléguense a la Biblioteca Municipal de Dalcahue, el martes 2, de agosto y los martes siguientes. La cita es a las 18.30 horas.

Gonzalo Rojas y Carlos Trujilo en la Feria de Dalcahue, 1987.

El Arte en Tiempo de Pandemia: Dr. Carlos Trujillo

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