ARTE EN PANDEMIAFOGÓN CULTURAL

Matías Azócar, Músico

Describe brevemente lo que es y ha sido hasta ahora tu trabajo como músico.

En un comienzo nunca pensé que podría tomar como una opción vivir del quehacer musical, debido a que está instaurada en nuestra sociedad la idea que los artistas, en general, se mueren de hambre o que su trabajo parece ser prescindible para el desarrollo de la vida y de una cultura que quiere fundamentarse en la productividad y el crecimiento económico. Cuando niño, al ver la entrega de adultos singulares que se tomaban con toda seriedad el trabajo de expresión artística y la diversidad de sus lenguajes, no pude pasarlo por alto, y sentirme inspirado por ellos me llevó a querer participar de este rol en la sociedad.

Ha sido un camino el que he debido realizar en la búsqueda de profesionalizar lo que hago junto a quienes considero mis colegas y mentores, con todo lo que esto implica, depurar métodos y técnicas para la entrega de un trabajo de calidad con fundamentos técnicos, pero a su vez fundamentando a través de lo sensitivo y de alguna manera exigirle a nuestra sociedad espacios dignos para quienes elegimos la música o cualquier disciplina artística para subsistir.

Cuenta cómo te iniciaste en la música. ¿Cuándo y cómo empezó a gustarte?

Nací el ’96 y en la casa donde crecí, en el sector de Gamboa, siempre hubo música y artes plásticas de parte de mis padres, guitarras, cassettes, pinceles, telas, conciertos en DVD, y ver a mi madre creando a través de sus manos, diseñando vestuarios, disfraces, decoraciones o pintando, siempre ha sido una inspiración para mí. Mi padre fue quien me mostró el quehacer con instrumentos musicales, llevándome a los ensayos del grupo musical MADERA, en el que en ese entonces participaba, y fue en la educación básica cuando tuve un acercamiento más consciente, en la Escuela de Cultura donde conocí a Fredy Villarroel, quien me enseñó las primeras herramientas para abordar la música. Fue en la transición de la educación básica a la media cuando comencé a dedicarle muchas horas a la semana, escuchando música y participando de la Academia de Artes Islas al Sur, donde aprendí más sobre el trabajo de la música y donde conocí a Claudio Pérez, quien fue un actor importante no sólo para mi camino en el estudio de la música sino que para muchos jóvenes que quisieron entregarle su tiempo y dedicación a la música.

¿De qué manera ha afectado tu vida normal y tu trabajo como músico la pandemia?

No creo que llevemos una vida normal quienes decidimos dedicarnos a los quehaceres artísticos y admiro a quienes insisten en ese camino. La pandemia fue un golpe duro para todos, mi trabajo como músico en el periodo de encierro total fue prácticamente nulo, seguí con un par de talleres para los porfiados sin miedo que no tuvieron reparos en que yo me vaya a meter a sus espacios para compartir conocimientos, pero el trabajo más excitante que conlleva la producción y el contacto más directo con el público para compartir la música se vio completamente truncado por un año o más. Aun así, el trabajo nunca se detuvo por completo, siempre expectantes a lo que se estaba sintiendo y viviendo para interpretar y/o crear, considerando los fenómenos  que se estaban experimentado con todo lo que estaba sucediendo.

Describe cómo fueron tus días en el tiempo más complicado del coronavirus. ¿Tocabas? ¿Ensayabas? ¿Te comunicabas con otros músicos?

Nunca paré de tocar ni estudiar, pero también tuve inquietudes por otros quehaceres, me acerqué a la madera, pero esta vez desde otra perspectiva y aprendí algunas cosas de cómo restaurar o construir estructuras simples. Pienso que eso me ayudo para lidiar con la frustración de no poder seguir adelante con diversas propuestas que se venían gestando y proyectando desde los trabajos desarrollados antes de la llegada del coronavirus. Con mis colegas de la banda NAVE nos inventamos la manera de compartir cuarentenas y así ensayar,  reflexionando respecto de la situación a la que estábamos expuestos nos ayudó para concebir parte del fundamento y la sonoridad que desarrollamos hasta el día de hoy.

¿Crees que cambiará algo el ambiente y el desarrollo de la actividad musical en Chiloé cuando volvamos a la normalidad? ¿De qué manera?

Espero que volver a la normalidad no signifique un retroceso. La situación global nos pide una actualización en nuestra forma de pensar y actuar, siento que en eso nuestra sociedad tradicional se queda atrás. Sin duda, el cambio fue negativo, se cerraron diversos espacios que estaban a disposición para hacer música, entre la población se implantoó un miedo que persiste, se promovió intensamente el distanciamiento social que vendría siendo la antítesis de lo que generan los encuentros de las distintas disciplinas artísticas. Ya con las primeras libertades se pudo ver cómo incrementó la fuerza para quienes quieren que el desarrollo de nuestras actividades artísticas en general no se vea perjudicado y sale a la luz una diversidad de organizaciones independientes, disidentes y artísticas con la idea de autogestionar los espacios en torno al arte.

¿Qué música escuchas y a qué compositores, cantantes o grupos aconsejarías escuchar?

Pienso que la música es para todos y se va ajustando según nuestras necesidades. Lo que puedo hacer es compartirte lo que he estado necesitando escuchar este tiempo. Un grupo que se autodefine como Ruidotropical/Tropicalnoise, la banda colombiana LOS PIRAÑAS, la banda de rock instrumental de EEUU, EXPLOSIONS IN THE SKY, la banda de rock, post/punk británica/irlandesa IDLES, el trompetista afroamericano CHRISTIAN SCOTT, una orquesta de tango que rescata viejas sonoridades con una estética violenta contemporánea, la ORQUESTA TÍPICA FERNÁNDEZ FIERRO, la banda Trío Experimental NERVE.  

El Arte en Tienpo de Pandemia: Dr. Carlos Trujillo     

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