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Miradas personales: el Diario de Viaje de Albert Camus

Albert Camus tenía 33 años cuando inició el viaje a Estados Unidos que describe en las apretadas notas de su Cuaderno de Viaje a América del Norte. En ese momento es un periodista reconocido, pero no aún el gran escritor que llegó a ser. Llama la atención que le da mucho espacio a la narración del viaje en barco en una cabina compartida con otras cuatro personas y donde distribuye su tiempo en la preparación de una conferencia y practicando inglés con un amigo. Largas descripciones del mar y los momentos que logra estar a solas; pareciera que su desprecio por algunas conversaciones y oficios se resumen en el comentario “Estamos de acuerdo R y yo en que el único problema contemporáneo es el dinero. Sucias caras podridas por la codicia y la impotencia”. La lentitud el barco atravesando el Atlántico nos captura de modo que, al llegar a Manhattan, parecemos salir con él de una somnolencia “Tengo el corazón tranquilo y seco, como cuando me encuentro ante algún espectáculo que no me dice nada”. Así, recibe las primeras imágenes de una ciudad poderosa y, al otro día, ya próximo a desembarcar navegando por el puerto de Nueva York, afirma “El orden, el poder, la fuerza económica se encuentran ahí. El corazón tiembla ante tanta admirable inhumanidad”. Está molesto también porque es el último pasajero en desembarcar por ser sospechoso y aunque le piden disculpas, no se borra la impresión inicial.

Después lo llevan a ver Bibliotecas, bares, puentes, dicta su conferencia, le interesa sobre todo, conocer el mundo de los negros. Bajo la lluvia de Nueva York se siente solo e incómodo. Viaja a Canadá y contrasta el paisaje sin entusiasmarse mucho. Otra vez en Nueva York escribe “Terrible sentimiento de abandono. Aunque estrechara contra mí a todos los seres del mundo, no me sentiría protegido de nada”

Dos años después, entre junio y agosto de 1949 empieza un nuevo relato viajando en su auto Desdémona a Marsella donde se embarca hacia América del Sur. Esta vez viaja en una cabina individual y durante los veinte días que dura el viaje se siente enfermo y solo lo apacigua el mar, su compañero. Piensa en el tiempo suspendido de la navegación que permite a los pasajeros ser “devueltos al silencio y a lo más auténtico que hay dentro de ellos.” Aunque no está tan comprometido con los viajeros, celebran con ritos, cena y champán el paso del Ecuador.

Llega a Río de Janeiro de madrugada. No alcanza a estampar la visión general del Pan de Azúcar y los edificios y la naturaleza cuando lo agobian los periodistas, fotos preguntas. A diferencia del viaje anterior, ahora es el célebre autor de La Peste y es llevado a numerosas actividades que él apenas describe, sólo aparecen los traslados, algunas impresiones sobre las personas que va conociendo y su permanente malestar físico. Su mirada es escéptica; intenta conocer en profundidad las manifestaciones religioso / paganas de la gente pero tanto la macumba y un candombé que le muestran no le parecen más que bailes degradados, sin profundidad. No escribe acerca de sus conferencias que se dan ante numerosas personas, salas muy llenas, con gente sentada en el suelo; no logramos entrar en esos diálogos (si los hubo) ni en las conversaciones posteriores.

Todo Brasil le parece entregado al salvajismo natural, tal vez por la gripe que no lo abandona, nada lo conmueve. Atraviesa a Montevideo y respira mejor, muestra una ciudad amable y ordenada, un espacio en el que podría vivir. De Buenos Aires afirma “Vueltas por la ciudad de una fealdad poco común” y vuela a Chile de noche, no puede ver la cordillera pero quiere conocer a los chilenos, marcados por una tierra que tiembla. En fin, no cuento más, para que lean el libro.

Se trata de un libro que atrapa y permite conocer mejor al autor de El Extranjero, completar otra cara de ese prisma que es.

Diarios de Viaje

Albert Camus

Penguin Random House, 2021

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 7 de noviembre de 1913,
autor de novelas, ensayos y obras de teatro. Sus escritos giran alrededor de su propia conciencia sobre el destino del ser humano, desarrollando de este modo una filosofía del absurdo de la condición humana. Esta corriente de pensamiento se oponía a cualquier ideología que alejara al hombre de lo humano, ya se tratara de una religión como de un sistema político.

Cursó estudios superiores de Letras, en la rama de Filosofía. Ejerció de periodista durante un corto espacio de tiempo para un periódico de Argel, a la vez que viajaba por Europa. En París encontró trabajo en la redacción del diario Paris-Soir y más adelante fue lector de textos para la prestigiosa editorial francesa Gallimard.
Fue políticamente muy activo. En su juventud abrazó las ideas comunistas, que después abandonó. También simpatizó con el pensamiento anarquista, militó en la Resistencia y fundó un periódico clandestino. Sus ideales le causaron más de un problema en un momento social y políticamente convulso, presidido por la Segunda Guerra Mundial. Se convirtió en uno de los escritores franceses más prestigiosos y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957.
Falleció en un accidente de coche el 4 de enero de 1960 en la localidad de Villeblevin (Francia).

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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