FOGÓN CULTURALGUARDIÁN DEL MITO

ex – Chile: Poesía de la calle

Durante cuatro décadas he leído a José Ángel Cuevas con avidez, sabiendo que su palabra actuaba como los garfios mecánicos que escarban en los basurales dejando al descubierto los restos, los desperdicios, la podredumbre. Lo he leído convencida que esa voz lírica supo decirnos hacia dónde íbamos sin ninguna contemplación, pero a la vez, destilando una cierta ternura, una fragilidad que se fue convirtiendo en reserva de sentido (como casi siempre pasa con la buena poesía) hasta terminar iluminando la plaza pública (qué metáfora) en forma casi anónima o apropiada por “las muchedumbres”. Hay poemas feroces en esta antología, casi todos son poemas feroces en realidad, como un animal herido que muerde desde el dolor y no deja acercarse. Recuerdo a un par de estudiantes acá en Ancud, una vez que vino a leer y conversar en el liceo “¿este hombre no tiene nada bueno que decir?”, me preguntaban desde su lugar nuevecito en el mundo del placer como emblema y el entretenimiento como lo que se les debe en todo momento.

Es cierto (lo cuenta bien Jaime Pinos en uno de los textos finales que acompañan la poesía de Pepe Cuevas) que durante años, el poeta anduvo por ciudades, ferias, lecturas públicas como el vocero de una desgracia sin matices; nos sorprendía cómo podía hundir más la imagen en la carne herida de este país. Muchos se quejaban – a nadie le gusta que le arruinen la fiesta –  sin embargo, para la mayoría de nosotros, sus lectores, su palabra ha funcionado como alerta. Cierto es, como plantea en un momento Soledad Bianchi en el prólogo, que no siempre esta voz es justa al leer su tiempo, uno puede estar en desacuerdo con alguna de sus condenas, pero se le reconoce la búsqueda de integridad. Pienso en José Ángel Cuevas, en Jorge Torres, en Floridor Pérez como voces tutelares a la hora de pensar la literatura y su función social o más bien, la poesía y su profundo compromiso con quiénes somos y quiénes soñamos ser.
La editorial de la Universidad de Valparaíso presenta así este libro imprescindible:
 “ Esta antología recorre la obra de Cuevas, un «poeta chileno, rockero y callejero», quien ha sido testigo de las transformaciones del país y capaz de poetizarlas desde el lugar de los vencidos. Cuevas es un cronista urbano que en decenas de cuadernos –posteriormente convertidos en libros– ha ido anotando sus impresiones de los barrios, hospitales, mercados, bares y restoranes. El golpe de Estado es una herida abierta en su poesía y vida: «Digo ex-chile porque tengo una idea clara, pero la tengo clara, clara, clara, de que Chile terminó el 11 de septiembre de 1973». Los poemas escritos en las décadas siguientes van a dar cuenta de un Chile vendido y a veces arrasado por el sistema neoliberal que transformó el país y que extinguió el sueño de Allende. Cuevas será muy crítico sobre el regreso a la democracia: «Este país tiene y sigue teniendo/ un inmenso tajo en la cara».

José Angel Cuevas, se sitúa en la generación de los ochenta según la academia y detenta una de las obras más poderosa de estos últimos treinta años de poesía. Es un poeta que habla desde el desgarro de ser sobreviviente y asume el torrente de la historia desde la voz de un hombre común que soñó y creyó en un proyecto histórico para luego encontrarse entre los escombros.

José Ángel Cuevas Estivil (Santiago, 1944)


Poeta y profesor de Filosofía. Estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde fue parte – según sus propias palabras– de una «vanguardia político estudiantil». Junto con otros poetas del Pedagógico –y en un restorán– surgió el colectivo Grupo América, con él crearon una revista del mismo nombre, allí publicó «El mundial del sesenta y dos», poema representativo de su generación que comienza así: «Ovejas descarriadas, como nos decían los vecinos». Trabajó casi veinte años como profesor de Filosofía en liceos de San Miguel, José María Caro, La Victoria, Renca y San Bernardo. El golpe de Estado será un momento decisivo y tema recurrente en sus libros: «Aquí termina una comunidad donde había un pueblo». Fue detenido y exonerado. Ha mostrado una especial preocupación por la memoria del país, realizando importantes investigaciones, entre ellas Álbum del ex-Chile 1 y 2 (2008 y 2016) y Materiales para una memoria del profesorado (2002).
Sus poemarios pueden ser considerados «verdaderos manifiestos generacionales» dice la académica Soledad Bianchi. Algunas de sus publicaciones más importantes son Efectos personales y dominios públicos (1979); Introducción a Santiago (1982); Treinta poemas del ex poeta (1992); Proyecto de país (1994); Poesía de la Comisión Liquidadora (1997); MAXIM Carta a los viejos rockeros (2000); Maquinaria Chile y otras escenas de poesía política (2012) y Poesía de la banda posmo (2019). Ha sido incluido en antologías de poesía de Argentina, Estados Unidos, Francia y Brasil.

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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