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Ñache: una tajada del infierno

Reconozco que no suelo abrir esa “puerta abierta a lo desconocido, la puerta que da a la oscuridad” que señala Rebecca Solnit en su libro Una Guía sobre el arte de perderse, como un modo de encontrar las cosas más importantes, aquellas que develan quiénes somos y también hacia dónde iremos. O,dicho de otro modo, la manejo entreabierta, siempre dispuesta a salir o con la posibilidad de hacerlo apenas las sombras se vuelvan amenazantes. Se podría decir que bordeo las fronteras para aguzar los sentidos, pero no buceo sin tanque de oxígeno. No es lo que ocurre al estupendo narrador Cristian Geisse en su libro Ñache; por el contrario, el mundo al que nos arroja casi sin preámbulos,está compuesto por corrientes subterráneas temibles, canales paranormales, pasadizos que se trenzan en los subsuelos de las ciudades. Una voz narrativa dura, conduce a los personajes en exploraciones descarnadas hacia lo incógnito arriesgándolo todo, especialmente la razón en tanto lazo con el mundo ordenado y lógico del “afuera”. En este conjunto de relatos (tres) acompañamos a sujetos que se internan en los límites de su propio ser y del mundo sensible que habitan, para hundirse por completo en el misterio, entregados a una fatalidad que los ha atrapado y a la que vuelven como imantados. No se trata de búsquedas acotadas, no exploraciones con la razón en ristre. Nos enfrentamos a otra Cosa: aquí se entra absorto a la materia viscosa del mal sin dejar migas para señalar el retorno.

Cerrada la lectura, uno se pregunta si ha estado en los espacios físicos que se describen, si los relatos buscan provocar reacciones emocionales límites o si estamos hablando de algo mucho más nebuloso. Y se vuelve a las preguntas que los artistas llevan siglos balbuceando respecto de la materia misma de su trabajo; en este lugar se encuentra Geisse con otros creadores que se han dedicado a rondar los extremos y a ratos naufragar en ellos. En esta operación corajuda, se arrastra ya no sólo la propia humanidad del autor sino a sus personajes y al que lee.

El mundo narrado es un terreno de incertidumbre, un borroso mapa donde el mal va copando las vías. Parece una lectura muy actual en este inquieto presente que parece estacionado. Es cierto, ya no existen lugares desconocidos, tierras incógnitas como mencionaban los cartógrafos que dibujaban dragones o criaturas fantásticas en los espacios que no habían explorado. Ya no existen en el mundo lugares donde no haya estado el hombre; pero seguimos encontrando lugares en nosotros mismos cuajados de mitos, oscuridades, misterios que se vuelven más amenazantes en estos días.

Leyendo, me instalo en esa imagen grabada a fuego, aquella división en dos planos: el arriba y el abajo con claras reminiscencias cristianas. El arriba, el orden, lo normal, contenido, conocido. Abajo, el riesgo, lo extraño, lo oscuro. Ñache transcurre casi exclusivamente en la parte baja del cuadro, la barrera se esquiva tomando una bebida iniciática que – como no – se prepara con sangre. Así se paga un precio para sumergirse en lo tortuoso, en la experiencia siempre hay un baqueano, alguien que ya estuvo aunque traiga confusos testimonios.

Se trata, sobre todo, de un estado metal, se borra lo que uno sabe de sí mismo, se va perdiendo la confianza en lo aprendido. Disolución de identidad que aterra, pero es tan atractiva que permite seguir viendo la experiencia oscura, seguirla escribiendo, continuar leyendo. Estar en el infierno también podría ser otra cosa, la posibilidad de una transformación, salir convertido en otro.

Hay gente que necesita deambular, vagar, errar, desasirse de lo convencional ¿cómo lo estarán haciendo ahora, en estos días de encierro? ¿qué estará escribiendo Geisse?

Cristian Geisse

Vicuña, Chile, 1977. Es licenciado en Letras, magíster en Literatura Hispánica y diplomado en Fomento de la Lectura y Literatura Infantil y Juvenil. Ha sido becario de la Fundación Neruda, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) de Chile y ha publicado Los hijos suicidas de Gabriela Mistral, En el regazo de Belcebú, El infierno de los payasos, Los nortes que en el norte, Ñache y tres poemas. Ricardo Nixon School

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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