FOGÓN CULTURALGUARDIÁN DEL MITO

Navegante del viaje total: recuerdos de Luis Troncoso

Por Rodrigo Muñoz Carreño

Fotógrafo, Premio Extensión Chiloé 2021.

Luis Troncoso se embarcó a finales de marzo de este año en su último viaje hacia lo desconocido, esta vez su proa enfilada a un destino inalcanzable e imposible de conectar para nosotros…por el momento. Hace varios años residía en Punta Arenas, en donde había conseguido instalarse bien, estaba trabajando y creando como siempre, pintando y diseñando, haciendo de “Viejo Pascuero” en la gélida navidad del fin del mundo. Pero desde allí, una vez más, transmutó quién sabe hacia donde, a otro espacio, a otra cosa no más.  Lucho Troncoso murió en la Patagonia chilena a los 71 años y no fue víctima de la pandemia, fue a consecuencia de un accidente absurdo, de esos que no tienen por qué ocurrir pero suceden. Murió lejos de Ancud, de todos y de todo. Lejos de Marlen, de Dan y de Blas, su familia chilota. Lejos y desconectado de sus amigos, de la comunidad y del pueblo del que formó parte, del espacio que habitó a plena luz y también en la penumbra por siete lustros. Nacido en La Serena, Lucho fue por sobre todo un trashumante sin territorio declarado ni reconocido, como tal arribó un día a Chiloé y se esfumó otro día cualquiera, solo, como había llegado porque esa condición le acomodaba; los que le conocimos lo sabemos. Fue un artista sin “obra” – como tantos – tremendamente creativo, multifacético: su trabajo abarcó la publicidad, el diseño gráfico, el dibujo técnico, el diseño de interiores y exteriores, la carpintería y artesanía en madera, incursionó también en el video ficción, fue productor en las Radios Pudeto y Estrella del Mar   y en su calidad de reportero entrevistó – en más de alguna oportunidad – a políticos que pretendían la presidencia de Chile. Implementó en Ancud el primer taller de Serigrafía del que tengo recuerdo; en su taller imprimíamos los afiches, dípticos y trípticos publicitarios de nuestra actividad artística cultural de los años 80 y también, clandestinamente, consignas y mensajes que llamaban a la resistencia en contra de la dictadura militar. Como Productor de eventos artísticos “el Lucho” fue valiente y osado, en su casa taller de calle Prat nos reuníamos habitualmente a cantar y a soñar hasta el amanecer, en Peñas autorizadas y prohibidas, alrededor de un brasero con carbón vegetal navegando vinos tintos tibios con sabor a canela y naranja. Allí cantamos con Amador Cárdenas, con Rosario Hueicha, con Carlos González, con Varsovia Viveros, con el “Guatón Navarro”, con Tita Munita y con los versos del Rufu, entre tantos otros. Troncoso, como también le apodábamos a secas, colaboró en muchas ocasiones con su arte gráfico en actividades y puestas en escena de la Compañía de Teatro de la Fundación para el Desarrollo de Chiloé FUNDECHI y en la Revista Candil de la Oficina Promotora para el Desarrollo de Chiloé OPDECH de Chonchi. Fue “El Viejo Pascuero de Ancud” por excelencia durante innumerables navidades, en cuyas vísperas visitaba los hogares a media noche para entregar regalos a los niños del pueblo, seducidos por sus atuendos y puesta en escena. Aún recuerdo la primera vez que nos vimos, debió ser por ahí por el año 1976, nos topamos entre amigos en la esquina de las calles Mocopulli y Ramírez en Ancud, frente al Bar Nuria, “el Lucho” con una pipa y yo con una cámara, y entramos al Bar a beber unas copas de vino.

Lucho Troncoso fue un amigo con el que siempre podíamos contar, pero a quien había que aguantar y tolerar también, duro a veces en el trato y al que no era fácil doblarle la mano. Crítico, leal, intenso y conflictivo, inteligente y sensible, fue uno de los nuestros y le debemos nuestra gratitud y recuerdo, hasta que la muerte nos haga olvidarnos de todos y de todo.

Nezahualcóyotl, Yo lo pregunto

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

El Guardián del Mito: Rosabetty Muñoz

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