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Ni con Maradona le ganamos al Audax

Textos de Luis Mancilla Pérez.

Creo que esta historia contiene esa ambigüedad existencial que nos aleja del aquí y del ahora, la pasión de ser hincha de un club, aquella cuestión inexplicable que parece no tener origen, ni destino; el instante del comienzo de la pasión, el big bang de todo fanatismo. Nadie nace predestinado a ser hincha de un club, es un destino futbolístico determinado por las casualidades. Creo que somos hinchas de un club de fútbol por motivos estrictamente personales que para el común de los mortales pueden parecer ingenuos, inconsistentes, absurdos, incomprensibles, algo inentendible como cuando en cualquier lugar y en el momento menos pensado encontrábamos a Pedro “Pelluka” Miranda usando la verde camiseta del Audax Italiano; y recién comenzábamos a comprender algo de ese astronómico fanatismo cuando las casualidades nos juntaban en el bar de don Marciano o en las cenas de aniversario de nuestro club deportivo. En esas tardes noches era una costumbre escuchar a “Pelluka” contar la historia de la vez que jugó igualito al inolvidable Maradona y como se convirtió en el fanático y único hincha del Audax Italiano que se puede encontrar en estas islas.

Podemos creer o no en la causa que convirtió a “Pelluka” Miranda en un fanático del Audax sin ser descendiente de italianos, ni en Chiloé existiera una pequeña colonia de hijos o nietos de emigrantes italianos que hubieran podido contagiarle su pasión. Para algunos la historia de ese fanatismo les puede parecer inventada o al menos creer que limita con las fronteras de la ficción; como ya dije nada ni nadie puede explicar la trascendencia y el origen del momento cuando alguien se ha contagiado con el virus del fanatismo por un club de fútbol. No nos queda más que aceptarlo. Esta es la historia de cuando “Pelluka” Miranda, antiguo jugador de la selección de fútbol de Castro; y hasta su muerte hincha fanático del Audax Italiano, le concedieron el milagro de por una única vez en su vida jugar al fútbol cual si fuera el incomparable Diego Armando Maradona.

Todo comenzó en el verano del año 1984 cuando hasta Chiloé llegó el Audax Italiano con todas sus figuras. El Pelluka en esos años era puntero derecho en la selección de Castro; y una tarde de mucho calor como parte de las festividades de los 417 años de la fundación de la ciudad enfrentaron al Audax. Era tanta la humedad que antes de comenzar el partido sentíamos las camisetas empapadas de sudor; recordó Pelluka el día que lo entreviste para construir esta historia.

En esos años en la selección estaban los mejores jugadores de Chiloé; en el arco Francisco “Matequila” Miranda, y tenía una defensa que no era de este mundo, con dos enormes centrales, una pareja de elefantes, Héctor Toro y Romilio Gómez. En el mediocampo, la triple P, Patricio Mansilla, Pedro Montiel y yo, “El Pelluka”. En la delantera los hermanos Barrientos, Gastón y “Moe”, y Sergio “El Cangrejo” Haeger. Esa vez el Audax regresaba de una gira por Punta Arenas y Puerto Natales, y hasta Castro llegó con su equipo titular, incluso vino reforzándolos Carlos Reinoso que era figura en México y cada vez que llegaba a Chile jugaba por el club de toda su vida; si aunque no lo crean, el mismo Carlos Reinoso del mundial de Inglaterra cuando perdimos con los norcoreanos. Ese partido lo escuché por radio, y dicen que  esos chinos eran todos igualitos. No se distinguían unos de otros, y por eso nos ganaron. En el entretiempo cambiaron todo el equipo y nadie se dio cuenta. Los recuerdos se atropellaban por salir de la memoria del Pelluka que entusiasmado relató la vez que enfrentó al Audax.

Esa tarde jugamos de igual a igual, ellos eran profesionales y nosotros amateurs pero fue un partido de ida y vuelta, con peligro en ambas áreas. Empatábamos cero a cero, se jugaba el minuto quince del segundo tiempo cuando “Cangrejo” Haeger me lanza un pase en diagonal al vértice del área. Hugo Berly vio pasar una pelota inalcanzable, yo corrí como un cohete, preparado a pararla con el empeine, dejarla quieta, y salir repentinamente a enfrentar al arquero que defendió el arco de Chile en el mundial de Inglaterra. Pero de improviso me encuentro con un defensa, y fue como chocar contra una muralla. No supe que sucedía en este mundo.

En una camilla me sacaron de la cancha, y “Gancho” Reyes, nuestro utilero, masajista y paramédico se puso a tratar de reanimarme. Me mojaba la frente con agua fría. Me daba golpes en la mejilla, me daba aire con una toalla que movía frente a mi cara y yo no recobraba el conocimiento.

Pasaban los minutos, el Audax nos mantenía encerrado en nuestro propio campo. El equipo no encontraba salida, ni ideas para armar jugadas. Los muchachos hacían lo que podían; diez contra once era mucha ventaja entre una selección amateur y un equipo del fútbol profesional. Al borde de la cancha nuestro entrenador Osvaldo “Cachureo” Saldivia se desesperaba gritando instrucciones que nadie entendía. Ya había agotado los cambios reglamentarios. Los defensas, desesperados armaban muros y trincheras, y queriendo mantener el cero a cero tiraban la pelota a cualquier parte. Los mediocampistas andaban más perdidos que caperucita buscando la casa de su abuelita, los mejores pases se lo daban al público que repletaba las galerías. Los delanteros corrían sin ideas. La derrota se veía venir. Cachureo Saldivia caminaba de un lado a otro dando instrucciones, tal como hoy lo hace el Loco Bielsa; y angustiado se acercaba a preguntar si ya me habían reanimado.

Cuando “Matequila” Miranda reanudaba el juego con un parabólico saque largo de una pelota que nunca encontraba a los delanteros castreños; “Gancho” Reyes anunció. “Ya está despertando”; y en voz baja agregó: “Pero no sabe quién es”. Recuerda “Pelluka” que después le contaron que el entrenador se acercó a la camilla donde permanecía hablando incoherencias, y hablándole al oído le dijo. “Tú eres Maradona”.

Yo no lo recuerdo pero dicen que me repitió varias veces. “No te olvides, tú eres Maradona”, y me envió a jugar de enganche por el centro, una especie de mediocampista delantero: algo muy común en el fútbol actual pero en esos años no se conocía; es que Cachureo Saldivia era un adelantado en cuanto a la táctica futbolística. Yo no me acuerdo de nada pero dicen que esa tarde jugué el mejor partido de mi vida, ganamos dos cero, y desde entonces soy un fanático del Audax Italiano.

Pelluka afirmaba ser el autor de esos goles, y repletaba su relato de esquives, amagues y jugadas de fantasía. Recuerda entusiasmado; esa tarde hice un gol igualito al que después Maradona le hizo a los ingleses en México 86, me dieron la pelota antes del círculo central y me fui eludiendo a los del Audax así como lo hizo Maradona con los ingleses. No existía la televisión en Chiloé por eso no quedan registros de ese gol, dice Pelluka.

Conociendo que la nostalgia es un espejo que engaña a la memoria; quise confirmar el relato del “Pelluka” y busqué en los archivos del periódico La Cruz del Sur información de cuando el Audax Italiano enfrentó a la selección de Castro. Esa tarde los audinos vencieron a los castreños por tres goles a uno. Pero el primer gol lo hizo Castro, un tiro libre de Carlos “Pirulo” Aravena que promediando el primer tiempo no pudo detener Adán Godoy. Este resultado que se mantuvo hasta los treinta minutos del segundo tiempo cuando salió lesionado Pedro “Pelluka” Miranda, y la selección de Castro quedó con diez jugadores sin poder hacer más cambios; y en la imaginación de Pelluka permanece imborrable la tarde cuando creyó ser Maradona.

Territorio Cultural: Luis Mancilla Pérez

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